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Educación

    Clases particulares para progresar bien

    Ahora que todos los estudiantes han vuelto a las aulas, comienza una temporada llena de apuntes, tareas, horas de estudio y exámenes que a muchos puede llegar a agobiar. Además, el continuo cambio de leyes en educación hace que los propios profesores a veces no sepan cómo enfocar realmente una buena clase.

    El ritmo de aprendizaje es el mismo para todos, pero no todos los estudiantes pueden seguirlo de la misma forma, y muchos acaban quedándose atrasados en una o varias materias, con el consecuente suspenso en la evaluación. Muchos padres y estudiantes toman el camino correcto apuntándose a clases particulares para que un profesor, experto en la materia que puede estar costándole más, le guíe y ayude a volver a ponerse al nivel del resto y del que exige la materia. Son muchos los beneficios que podemos obtener si nos apuntamos a clases particulares con un buen profesor. El problema viene dado cuando no sabemos dónde buscar profesores, ya que muchas veces los anuncios que vemos por la calle o en internet no son de personas realmente cualificadas y pueden hacer más daño que bien.

    Uno de los principales problemas que encontramos a la hora de apuntar a nuestros hijos a clases particulares es qué profesor nos tocará. En esto internet puede echarnos una mano y hay algunos portales en los que se cuenta con diferentes profesores que ofrecen su servicio según la asignatura y el lugar donde vivamos. Introduciendo la materia que queremos reforzar, el lugar en el que vivimos y el nivel que estamos estudiando podremos ver el perfil de diferentes profesores que se adecuan a lo que estamos buscando. Entre otras cosas, podremos conocer sus estudios, experiencia, el método pedagógico que utilizan y otros datos que pueden interesarnos. A través del mismo portal podemos ponernos de acuerdo con el profesor para establecer los horarios y los honorarios con los que cerraremos el acuerdo. Son pocos los portales que ofrecen una forma tan rápida y segura de contactar con profesores particulares.

    Es muy importante prestar atención a cualquier problema que haya en los estudios para ponerle solución y que no haya riesgo de quedarse atrás. Esto puede suponer una pérdida de motivación para el estudiante, que llega a afectar al resto de asignaturas. También, al comienzo de las clases (primeros meses), es bueno contratar un profesor particular para refrescar la memoria de lo dado el año anterior y, así, poder coger el ritmo mucho más rápido. Las clases particulares pueden hacer que, además de seguir un buen ritmo, el alumno sienta un interés mayor en la asignatura, gracias al punto de vista y al método de enseñanza que aplicará el nuevo profesor.

     

     

    Como todos sabéis la semana de la educación comenzará en el mes de febrero y las novedades que podréis encontrar son realmente amplias y sumamente interesantes para el avance de la educación.

    Interdidac es un salón en donde podréis encontrar excelente material didáctico de diferentes niveles educativos para conocer.

    Además en esta nueva edición se tendrá atención en las nuevas herramientas tecnológicas incorporadas a la educación para definir una enseñanza más actual y que incentive el crecimiento y progreso.

    Interdidac genera que se amplíen nuevos marcos en el sistema educativo incluyendo infinidades de novedades todas puestas en la realización de nuevas bases de enseñanza, diseñadas lógicamente en elevar el nivel educativo.

    También la sala de conferencia estará a su disposición pudiendo apreciar charlas fundamentadas en novedades como conocer a los nuevos expositores, sus ideas y visiones. Está sala definida con el nombre de “Speakers Corner” con nueva imagen en donde se podrá apreciar en el logo implementado nuevos desarrollos de diseño.

    Otra sala a tener en cuenta en Interdidac es la reconocida con el nombre de “Vip”, allí tendrán espacio los orientadores, profesores, entre otros; permitiendo brindar la información requerida y necesaria sobre los diferentes stands que podéis conocer, es una interesante opción para aquellos que están interesados en información más específica y personalizada.

    La semana educativa es una interesante posibilidad que debéis conocer para aprender y saber los nuevos parámetros educativos que se prevén. Podéis obtener mayor conocimientos de esta semana en el sitio web del Ministerio de Educación y Cultura; también hay una sección dedicada especialmente a Interdidac.

     

     

    En las últimas semanas se han desarrollado variadas disputas respecto a la educación producto de las plazas que se quieren abrir, son de un total de 350, producto de las dificultades que se presentan respecto a los aportes jubilatorios ya que la crisis también ha afectado al empleo público.

    De acuerdo a dicha decisión tomada por los responsables que forman parte de la Consejería, indicaron con mayores detalles que las plazas estarán diseñadas y repartidas en diferentes áreas, en educación primaria aproximadamente 150, para el área infantil 50, para el área especial en total serán 40, música, inglés y educación física 90 plazas.

    Los sindicatos evaluaron dicha preposición y destacaron que el número de plazas es realmente muy deficitario respecto a las verdaderas necesidades educativas, ya que se diseñaron las denominadas “salidas masivas” enviando a la casa los docentes que tienen sesenta años, una forma de eliminar costos agilizando los procesos jubilatorios. Debido a esto la disminución de personal produjo notablemente una crisis en el área educacional.

    Otras de las medidas que quieren adaptar en el ámbito de la educación es modificar las notas de los exámenes, que para los sindicatos son una forma de incluir nuevas normas modernas de avanzar en una educación con supuestas mejoras, eliminado los parámetros educativos que fueron elaborados en años que fomentaron interesantes logros.

    Cabe destacar que los sindicatos están pidiendo un considerable número de plazas mayor al que es determinado porque son funcionales y necesarias ya que beneficia completamente el rendimiento escolar.

     

     

    La búsqueda de becas a veces es dificultosa pero debéis intentar estas opciones ya que permiten interesantes beneficios a los profesionales o estudiantes que están con intenciones de obtenerlas.

    Si crees no cumplir con ciertos requisitos no preocupéis porque generalmente las variedades de becas que hay permiten que podáis adecuarte a alguna.

    Si estáis residiendo en la región de Canarias entonces no debéis perder algunas de estas posibilidades.

    Las becas de carreras universitarias están presentes, entre ellas podéis tener en cuenta la de la Fundación de Mapfre, que permite escoger entre tres cursos universitarios sumamente redituables todos relacionados al marketing. El total de ellas es de aproximadamente 12, con ayudas económicas incluidas. El único requisito que debéis presentar es tener el curso académico completo.

    La Fundación Carlos Salvador también provee de ellas, permite dar ayuda con los cursos denominados de postobligatorios, están diseñadas para aquellos estudiantes que tienen excelente desempeño educativo pero poseen algunas complicaciones económicas. Debéis solicitarla y se estudiara el caso de forma particular para que podáis obtener la ayuda.

    Estas son sólo algunas de la cantidad que podéis conocer, no olvidéis que generalmente llevan una fecha determinada para que podáis inscribirte, debéis intentar estar atento para no perder la oportunidad.

    Las búsquedas de becas y sus convocatorias no es complicado, debéis realizar un tarea minuciosa de investigación en los diferentes sitios de internet que proveen esta interesante información, ya que hay muchas y todas con deferentes opciones para aprovechar de forma considerable; no lo dudéis porque es una experiencia provechosa generando amplios beneficios para continuar con sus estudios pese a las dificultades.

    lopesado y lo ligero

    La educación aun siendo absolutamente inmanente, histórica e ideológica, dada en un tiempo y circunstancias concretas, a su vez, podría trascender dichas circunstancias sin segregarse de ellas. Es como si al educando le fuera posible ubicarse en el mundo que lo acoge pero también modificarlo, siendo a la vez ese mundo y esa modificación que de algún modo ya apunta a lo nuevo. En el educando hay, de hecho, esos dos tiempos: un presente y un futuro, que preocupan al educador. Éste a su vez es mediador de una tradición, decíamos en posts recientes, y por tanto, de un resto de lo que llamamos pasado, un pasado muerto en lo que se refiere a su carne, pero vivo como mito, como palabra, como relato. Esta función del relato es, veíamos con Mèlich, vital, porque dota al educando de un precario sustento sobre la nada que somos; es, paradójicamente, lo que le dará la ilusión de un sentido a su vida pero al mismo tiempo conciencia de su finitud, en la medida en que, hoy sobre todo, los relatos compiten y se multiplican, sin que prevalezca ya ninguno. Educar es en gran medida algo que se hace narrando, ya sea mediante el ejemplo de la propia vida que empapa al niño (la narración que uno mismo es para el niño que lo mira), ya sea mediante mitos, ya sea mediante literatura o arte. Y por supuesto, las religiones. Todo esto forma parte de la educación a un nivel primario, fundamental, inconsciente, que el niño capta antes que cualquier cosa y que me atrevería a proclamar le va a educar más que ninguna otra cosa. La educación es, en sus tres cuartas partes, esto mismo.

     

    De la interacción humana surge el sujeto y es necesario aprender de Foucault su carácter blando, dinámico y engarzado a la verdad que crea y a su vez le crea, a la epistemología, a la mirada con la que mira y que le mira. La realidad que Descartes entiende como un desdoblamiento de sujeto que objetiva lo que no es él, lo ajeno a él, es vista como un conglomerado en el cual el sujeto no se libra fácilmente del mundo, porque es mundo. Este planteamiento es viejo, porque está en la base de casi todas las críticas contrailustradas o sencillamente críticas o revisiones a la modernidad dadas en los últimos ciento y pico años. Esto en educación no puede pasarse por alto. La implicación es clara: no podemos entender el proceso educativo como algo definible de antemano, como un proceso descriptible a priori, en el que un sujeto se nutre de información, de conocimiento o valores y, llenándose de ello, crece. En realidad, lo que llamamos crecimiento, es simplemente la inmersión en la simbología, en la mitología y las narraciones fundantes de una tradición, que puede ser la propia modernidad. Eso jugará el papel que juegan los símbolos y los mitos, que es, repito, el de dotar de un precario y efímero sentido y orientación a la existencia del niño.

     

    A este movimiento primero en todos los sentidos de primero, sin el cual no seríamos, que es todo lo que somos, realmente, por el cual los antepasados están en nosotros, hay que oponer otros movimientos, hay que oponer una cierta Ilustración, un distinto encuentro. Porque la educación es, además, encuentro, encuentro a la vez grato y a la vez doloroso, ya que este segundo encuentro vacía y no llena, como el primero, este encuentro araña nuestra mismidad, la puebla de oquedades, de infiltraciones, de manera que ese manso océano de narraciones se transforma en una tempestad. Llega el Otro de muchos modos, educándonos como Otro, por el simple hecho de ser Otro, de ser palabra, al margen de su contenido, al margen de lo que nos cuenta su lenguaje, es su rostro el que ahora nos habla, su ejemplo. Aquí somos cuestionados, impugnados, zarandeados. De repente, cae el olvido de la finitud constitutiva y de nuevo somos conscientes de que somos precarios y finitos, de que nos ciernen límites por todas partes. Ahora llega, con esta tempestad, la pregunta, la inquietud, la incertidumbre.

     

    Así, el hombre concreto se hace entre un movimiento centrípeto, por el que la materia acude a su encuentro originando un centro, un poso, que lo dota de una identidad, de la consistencia de ser Uno, de ser sujeto, una consistencia que ciertamente, ha venido de fuera pero que ha cubierto toda tiniebla, que ha cerrado todo misterio, en el fondo. Bien es cierto que esta tradición es ardua, compleja y enrevesada, más un laberinto que otra cosa, y que aunque ofrece respuestas, también genera dudas y nuevos interrogantes. Pero todo ello puebla, habita el universo, lo llena, ocupa un centro, irradia, pesa.

     

    Por el otro lado, con la instantaneidad de los acontecimientos suele ocurrir ese otro momento pedagógico de la comprensión, del abrir los ojos, del ver como por primera vez, del hacer una especie de repentina epojé de lo que se venía aceptando como normalidad cotidiana y ser casi deslumbrados por un relámpago. Realmente, estos instantes tampoco llegan así, pues surgen de algún sitio, tienen que ver con el contexto, con la tradición, o bien emergen de ella, o discuten con ella, o se oponen a ella. Nada humano surge del vacío, ninguna mirada humana mira en el vacío. Pero aun así se puede dar esa visión o más bien comprensión una vez que parece haber irrumpido una alteridad desafiante, algo que cuestiona, que como una fuerza centrífuga nos impulsa para abandonar el lugar de la plena satisfacción.

     

    Esto nos retrotrae a la precariedad inicial, a la vaciedad del origen, a lo previo, poniéndonos de bruces ante la nada en la cual nos sustentamos y en la cual penden nuestras existencias. Nos arranca de lo céntrico, de lo denso, de lo grave. Nada de esto ocurre, obviamente, fuera del mundo, de la historia y de la materia. Hay que comprenderlo como dinámicas internas a los mismos, dadas dentro de ellos, en sus márgenes; no estamos hablando de salirse de lo natural, aunque sí puede imaginarse una cierta anticipación analógica con lo que hipotéticamente llamaríamos lo sobrenatural. Es decir, hay en todo esto una cierta vitalidad, una energía, un avance, no prefijado, no necesariamente bueno ni malo en términos absolutos, sino un sencillo abandonar la falsa creencia de que todo empezaba y acababa en uno mismo. Por muy religioso, místico o sagrado que nos parezca un movimiento dado, una cierta actividad humana, es algo siempre histórico, mundano, o no sería una actividad humana. Así que tenemos involucrado en la educación esto que vemos en toda antropología: símbolos, relatos, finitud, alteridad, tiempo, historia, realidad. Pero ese instante crucial, esa suerte de relámpago, reordena nuestro centro, es como si reestructurara lo que somos, en unos segundos cruciales, lo que hemos sido siempre, y entonces es como si se ataran cabos sueltos. Una narración brilla como no brillan las demás, una vida nos impacta como ninguna otra, una historia habla con voz penetrante, imponiéndose. Así, puede establecer una cadena, un noble río de muertos.

     

    Había, en efecto, en los relatos que somos, unos cabos sueltos que podían atarse o podían no atarse. Para hacerlo tenemos que ir al abismo, que asomarnos al vacío que somos y que nos circunda. Una historia venida de fuera nos puede dar la clave. Una historia, una persona, un ejemplo, una imagen, una música, un relato, que son como una llave que retuerce nuestras entrañas, que las ata, que nos sitúa en condición de ser atadores de historias. En esos aconteceres reveladores, cuando podemos trazar una infalible lógica sobre el relato que uno viene siendo, cuando uno traza un argumento, cuando uno crea, somos verdaderamente educados. Nos alzamos sobre la tradición que somos, peleándonos con ella y amándola. Es el momento poético por excelencia, el nacimiento de lo que podemos llamar más ahora que nunca “sujeto”, que es cuando uno decide su destino y lo sella, cuando increpa, cuando alza las manos. Eso es, en esencia, una buena educación.

    Educación y filosofía

     

     

    LA-EDUCACIÓN-SOCIAL-Y-LA-TEORIA-DE-LA-CONFIANZA

    Rondaba en mi cabeza desde hace escasas semanas y finalmente ve la luz, esta pequeña reflexión constructiva y positivista, a pesar del titular que nos ocupa. Partamos de la base, que aún basándose en casos reales y particulares del planeta Educablog y la familia que la formamos (lectores y redactores, a la par), la intención primordial es poder debatir y reflexionar acerca de nuestras prácticas e idearios profesionales. Con más o menos acierto, pero con educación y respeto a las opiniones divergentes.

    Partiendo de esa base, dos compañeras y lectoras de Educablog en su versión facebook, al hilo de una información sobre el trabajo en un centro de menores se preguntan recientemente por la profesionalidad o vocación de los miembros de Educablog en esta nuestra profesión. En esa línea, se cuestionan el porqué de primar noticias negativas del sector (ámbito de menores, principalmente) y nuestra capacidad de crear una opinión nociva al respecto, ligada al miedo.

    Otra lectora, nos alerta de que “ no todo vale ” en el mundo de la opinión o el ideario, dado que las fuentes en ocasiones pueden estar contaminadas. El caso, es un spot publicitario de Coca-Cola, con cierta sensibilidad a nuestro entender.

    Repito, los miembros de Educablog entendemos la bitácora como un ejercicio libre de expresión, debate y reflexión. No solemos rebatir cuestiones del mismo, principalmente porque es abierto y de tod@s, cediendo la herramienta como si de un altavoz social se tratase. No voy a mentir si digo también, que respetamos las opiniones anteriormente enunciadas, pero no las compartimos.

    No es ese el motivo de la reflexión de hoy. Lo que me trae a esta cuartilla digital, es el trasfondo de la cuestión y la materialización más o menos recurrente de cuestiones de este tipo en nuestro ámbito laboral y académico:

    1º La reafirmación constante de nuestra profesión como elemento de dignificación: Visibilización, dignidad profesional, reconocimiento social…son términos que históricamente han acompañado a nuestra admirable labor. Siendo ciertas en muchos momentos, creo que la madurez de la misma, jamás podrá hacerse completa si no nos quitamos el corsé del tener que descifrar a cada paso y proyecto que damos, el qué hacemos? y por qué lo hacemos ?.

    En definitiva, quienes somos l@s edus@s y cuanto ponemos de nuestra persona en nuestro desarrollo profesional. Está última cuestión, es pelín peliaguda, si tenemos en cuenta que en todas aquellas profesiones donde se trabaja con personas, se entiende como natural una predisposición suplementaria al servicio. No son tuercas, ni neumáticos, son tus iguales y responder a sus expectativas se hace a priori, necesario.

    Personalmente y amén de equivocarme, la idea vocacional no me gusta.


    2º La (des)confianza como elemento de (de)construcción profesional: No se si en boca de nuestro compañero Cosme Sánchez Alber o en un@ de sus compañeros de Interabide, surge constante y acertadamente la idea recurrente de la importancia del sujeto como pilar fundamental de la acción socio-educativa. Pero no solo la relevancia per sé, si no que la construcción de cada caso y cada particularidad, parta de la base del respeto al otr@, a su identidad y particularidades. Creo que lo llaman, creer en la personas…

    Dice un amigo mío, perversa e irónicamente que los educadores sociales con pintas de educadores sociales (recomendaría encarecidamente el artículo de Tote sobre el Educalook) no le producen mucha confianza, por el hecho de defender todo lo políticamente correcto y las injusticias sociales del sistema intergaláctico, pasando por alto en ocasiones las más livianas y frecuentemente, cercanas.

    La profesión no puede vivir en constante sospecha de que “lo externo” (aquello que no pertenece a nuestro ámbito o las ciencias sociales, extendiendo más el campo) es nocivo y generador de turbias conspiraciones e intereses. A no ser, que defendamos como estado socio-político idóneo, una anarquía. Dícese de vivir en coherencia, pero aún se anda buscando dicha inmaculada casta.

    La gran familia Educablog pretende ser en esencia; reflexión, generación de pensamiento, retroalimentación, debate, consenso y crítica. Con un único objetivo final: dar visibilidad a la profesión, escribiendo sobre la misma: desde la práctica, principalmente y hacía la teoría.

    La otra opción final que nos queda si no, sería la de una rendición diplomática, donde no haya conflictos ni debates y la propia realidad nos ponga a todas las partes en el eslabón más débil de la cadena. Siendo padre, niño y burro a la vez.

    Grabado: Giovanni Piranessi


    EducaBlog, Blog sobre Educación Social

    Uno de los factores primordiales en la educación de nuestros hijos es enseñarles a ser personas. Los contenidos académicos son tarea de las escuelas pero el respeto y la construcción de una personalidad apta a la sociedad son labor primordial del hogar.

    Acá os dejamos algunas ideas en cuanto a la educación que deben tener nuestros hijos en casa.

    Mostrar respeto a los demás. No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño de su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.

    Enseñarle a responder con educación. Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estáis más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes. Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.

    Evitar perder los nervios. Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones. En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di ’mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?’”.

    Establecer límites. Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer. Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.


    La amplitud que se extiende entre personas al educarse, ese espacio único, es inefable, en constante reestructuración, en ambigua originalidad, pero al mismo tiempo ostenta un carácter material. Hay en lo educativo una poesía de lo material, una poesía en lo material, estrictamente mundana que sin embargo, no puede captarse con el mero esfuerzo del logos, sino que la palabra debe de ser renovada en un constante esfuerzo por perseguir lo que a duras penas alcanza. La realidad y la palabra juegan, danzan, relacionándose sin corresponderse, sin coincidir del todo una con la otra en un ajuste pleno. Por eso, esa porción de realidad humana procesual que llamamos educación, que es personal, no es captable por el mero logos en un sentido absoluto. Esta es, por lo menos, la idea a la que apunta, veíamos, el profesor Mèlich, que encuentro sugerente en la medida en que nos resguarda del error positivista, de la pretensión de agotar la realidad en el concepto, en el significado de la palabra. Mèlich apuesta por el símbolo, con todo lo que conlleva de sugerencia, de alusión oblicua, astral, y nunca lineal hacia un referente. El símbolo o lo simbólico capta mejor la realidad procesual y fluida, proteica, que sucede, o, dice él, “acontece” en la educación (que es el acto ético, que no moral, matiza con una cierta evocación de la filosofía de Levinas). 
    Y el lugar de lo simbólico, su instrumento, es la narración, pero la narración como literatura infinita, sin límites de interpretación, porque el texto no obliga a una lectura en ningún sentido (contra Gadamer) sino que es siervo o mediador para la lectura que lleva a cabo el lector o intérprete, absolutamente libre o meramente sugerida por el texto. Así las interpretaciones son tantas como las lecturas, del mismo modo que ocurre en esos tiempos únicos, suspendidos en el vacío, abiertos como de repente, que son los momentos pedagógicos. Es la literatura la que, como acto libre y ambiguo, abierto y sugerente, enseña e imita lo que sucede cuando dos personas se educan o vinculan éticamente. Se da una re-lectura constante entre ellas, una reestructuración de la misma relación en sí, un redibujarse con algo de autopoiesis. 
    Mèlich subraya también la idea de ausencia, de negatividad, de vacío y de huella en lo educativo, su carácter de falta antes que de lleno, de positividad o afirmación. Es decir, hay una poiesis, una creatividad pero hecha como apertura de vacíos, de restos, de fisuras o grietas, pues son márgenes o desafíos a las totalidades y a las metafísicas, a las definiciones y a los conceptos, lo que surge en las relaciones éticas y educativas. Así, educar-se es contra lo que suele creerse una tensión hacia lo oscuro, hacia la zona menos clara, menos iluminada por la razón civilizadora, una fuga hacia lo que puede incluso oponerse a lo sistemático, a lo fundamental, a lo básico. Sólo de este modo impugnatorio es como en realidad puede hablarse de avance, es como un educando emerge como persona, decíamos en posts anteriores, en este momento de asomar la cabeza sobre la superficie del océano, de dar el salto, el instante fugaz del relámpago que revela lo oscuro, que sugiere otro cielo. 
    Todo esto manifiesta un obvio esquema hermenéutico. Llegados a este punto, la hermenéutica que remite a un fondo que no es firme, que no es un verdadero fondo ni suelo, se desdobla. Uno puede no cerrar las interpretaciones, aunque haya una cierta línea, aunque nadie parta, obviamente, de cero en sus interpretaciones, pues en eso consiste toda perspectiva hermenéutica, en que la mirada está hecha por aquello que ella mira (o quien habla es hablado). Hay una figura circular, una redondez en el universo hermenéutico que avanza afanosamente, con nuevos matices interpretativos, con desdoblamientos de símbolos, con ramificaciones de sugerencias, con las sombras de las sombras o los reflejos de los reflejos de espejos enfrentados. Hay mucho laberíntico también que evoca un universo aparentemente finito y limitado que sin embargo es infinito e ilimitado, o apunta maneras de serlo. De hecho, bajo los pies del hermeneuta se despliega el abismo, se abre lo insondable y el lugar donde Wittgenstein en realidad mandaba a callar. Porque la hermenéutica es el intento de discurrir por el margen donde no se puede hablar con propiedad, donde nada puede ser dicho ni definido. El símbolo es el torpe esfuerzo humano de desenvolverse en tales lares, y la literatura. Mèlich, siguiendo a algunos autores que cita en abundancia, enfatiza el carácter infinito o inacabable de las interpretaciones, es decir, del universo, de sus “fundamentos” no metafísicos, de la antropología débil, de la educación no metafísica que por tanto ha de ser simbólica y literaria.
    Así, la literatura no es tanto un instrumento para adquirir “competencias”. Lógicamente, Mèlich critica el trasfondo de la teoría pedagógica de las competencias que presupone un modelo educativo positivista de la educación como un proceso captable racionalmente de adquisición de una suerte de habilidad técnica para desenvolverse en un medio, lo cual es de inspiración operativa, cuantitativa, estratégica y cosificadora. La perspectiva hermenéutica que él maneja le sirve y en este sentido me gusta a mí también referirme a ella y partir de la misma. Aunque en próximos posts iré matizando y decantándome por lo que hace más de un año llamaba una “hermenéutica dialéctica” que es la concepción marxista de Adorno, intentando casar este enfoque enormemente abierto y libre con el materialismo dialéctico de Adorno que en su carácter fragmentario puede ser una excelente perspectiva también correctora de los excesos positivistas. En realidad, un enfoque como el de Mèlich, y el enfoque marxista frankfurtiano de Adorno nos remiten a un mundo fragmentario, inacabado y en última instancia inasible, aunque en el caso de Adorno se enfatiza mucho más el vínculo de esto con el carácter dañado que en nuestro mundo tiene la vida. Hay una sociedad y una economía que dañan la vida y la rompen, que la encorsetan y fosilizan, que la trastocan en mercancía, y esto se cuela, por ejemplo, en las relaciones pedagógicas, lo cual puede ser detectado con operaciones intelectuales de tipo hermenéutico que aun de raigambre marxista son también un poco Nietzsche y un mucho Freud. La hermenéutica de Mèlich me parece menos firmemente ubicada en un planteamiento así, aunque es muy crítica, como ha quedado claro, con determinadas aberraciones pedagógicas propias de nuestro mundo. Hay una línea heideggeriana que dota de un carácter existencialista a esa relación única y dual entre educador y educando, sin que esto quiera decir en absoluto que Heidegger haya en ningún momento planteado así las cosas, pues hablamos tan solo de grandes tradiciones o líneas en el pensamiento o estilos de pensamiento en el siglo XX. 
    Yo creo que aunque ciertamente la relación educativa es algo singular y no captable, como un “entre” indefinible, a lo que referirse simbólica y oblicuamente, ya he mencionado que cometeríamos un error si eludimos su materialidad, su historicidad en un sentido mundano pero más cercano al mundo de Zubiri o Ellacuría que al mundo de Heidegger. Es por aquí que llevo años intentando esa síntesis para comprender debidamente lo que ocurre en una relación educativa, que puede ser llamada ética porque en principio mantengo el modelo del planteamiento levinasiano. 
    Es decir, la educación remite a algo muy básico, muy previo en el hombre, que no se da posteriormente a su construcción biológica, que de algún modo, ontológicamente, está ya implícito, en cuanto hombre o mejor dicho, en cuanto persona. Como persona, se viene a recordar que ya existe un vínculo con los demás que se dé o no se dé, va a ser determinante, va a ser necesario, un vínculo que no será como el llenado o suma en que consiste un mero aprendizaje o contacto animal, sino como desafío o negatividad levinasiana, algo más metafísico que sólo se da entre los seres humanos, algo dado entre lo que Levinas llamaba “rostros”. En los seres humanos puede darse este tipo de relación que Levinas llamaba ética y que yo llamo “educación”, y es esta posibilidad la que nos convierte en algo más, en lo que para Zubiri ya constituiría una especie de estructura superior que incluyendo lo animal, lo trasciende: es la persona. Todo se da, insiste, en términos materiales, pero de una materialidad dinámica y no sustancial, sino, como decía Zubiri, sustantiva. 
    Así, hay algo real en la relación educativa, que siendo material y siendo real, es a la vez único, indefinible y ricamente complejo, que para ser comprendido debe ser cazado con símbolos. La realidad es inagotable, la realidad humana, y las palabras se quedan siempre cortas, porque la realidad, y la historia, va por delante, se nos adelanta siempre. Esto es lo que ocurre y por eso la educación no es algo meramente verbal, aunque haya palabra, que la hay, pero en un sentido muy laxo, muy amplio y poético, diría que bíblico, de palabra. De hecho, parte de esa realidad que es histórica y en la que ciertamente hay clases y lucha de clases, hay otras tensiones y otras historias, como es la tensión de las palabras, de los juegos de lenguaje, de las comprensiones e imágenes del mundo, de los símbolos. Es a esto a lo que Mèlich, con razón presta su atención, enfatizando lo que esto supone para la educación, lo que esto dice de la antropología, de nuestro abisal espacio. Ellacuría era, también, un filósofo que se resistió a los determinismos unilineales ni a cerrar la historia con explicaciones únicas y dogmáticas, con leyes de la historia. Y aquí tenemos una pista, también, para conciliar hermenéuticas. Hay palabras que imponen su ley. Y hay luchas y opresiones que también la imponen. Todo ello, en realidad, entrelazado, como en los sueños, por lo que me temo que la auténtica comprensión es compleja y de nuevo ha de acudirse a la pista literaria, al arte y sus símbolos, probando hermenéuticas con todo tipo de oblicuidades. Tal vez hoy, en esta línea de ensayo con el arte, de recurso al arte con un fin de comprensión del presente, tengamos a Zyzek. Creo que la pedagogía debe probarlo también, aunque este intento filosófico pueda ser tachado de traición, de esa pedagogía del orden que ha prevalecido fatalmente, de las explicaciones, porque como resalta Mèlich, no se trata de explicar, sino de interpretar. La traición de Freud fue, precisamente, esta, la de confundir interpretación con explicación, la de reducir lo simbólico a lo sígnico. En el caso del profesor Mèlich, en los artículos que estamos leyendo de él y que amablemente nos ha remitido, afirma que la interpretación no debe agotarse nunca, no debe dejar de jugarse nunca. Es como si el carácter lúdicamente escéptico no debiera desaparecer en ningún momento, esa fatal ironía que nos recuerda a Borges, esa levedad tan grave.
    Consúltese: Mèlich, J.-C. (2011) Disonancias (Sobre ética y literatura), Ars Brevis, pp. 97-115.

    Educación y filosofía

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