De qué hablo cuando hablo de nadar

De qué hablo cuando hablo de nadar

Flotando, ingrávido, el agua saturada de cloro burbujea, oscila en torno a mi cuerpo inmóvil, son tan sólo unos pocos segundos…suspendido en el líquido, como un proyecto de persona dentro de su placenta.
A veces pienso, que ahí está el origen de que me encuentre tan a gusto en este medio. Quizá en el subconsciente algo tiré de mí hacia ese pasado seguro, cálido y conocido, como diciéndome… ¿Por qué tuviste que salir del “paraíso” prometido?

Cuando hablo de nadar, hablo de estas sensaciones y también hablo de la ansiada y anhelada desconexión. Ese oasis tan perfecto e inalcanzable para muchos educadores y educadoras sociales…

keiji me contaba que su madre le había echado de casa, que ya no le aguantaba más y que debía buscarse la vida por sus medios o ir con su padre, que por otro lado, siempre había pasado bastante del tema.

Hayao había pegado a su madre y ésta no quería denunciarle. ¡ Era su hijo!, ¿cómo iba a hacerlo?
Mientras tanto, él seguía buscando un doble muro con el que chocar; uno virtual y otro real a los mandos de su coche.

A Satoshi su padre le había echado de casa. Llevaba una semana durmiendo en un local que tenía alquilado con sus amigos. Hablando con él, la tristeza de sus ojos contrastaba con su tirante sonrisa como un trueno con el silencio de la madrugada…

¡vaya día!

Voy desgranando estos pensamientos mientras busco posibles soluciones… bajo las escaleras, abro la puerta que conduce a los vestuarios y ésta se cierra tras de mí como en el “saloon” de un western.

Me voy desvistiendo pensando en cómo ayudar a Satoshi a hablar, a negociar con su padre… ¿Qué estrategias de acercamiento podría usar…? Y Keiji, ¿cómo estaría con su padre? había que apoyarle, eso era seguro, pero no encontraba la manera de hacerlo desde el convencimiento y sin el trasfondo del desaliento. Y Hayao…, y Hayao, me resultaba imposible llegar hasta él, como en el universo en continua expansión, cuanto más esfuerzos hacía por alcanzarle, más rápido se alejaba… y con Midori, y con Keiko y con…

Meto la moneda de un euro por la rendija, introduzco la mochila dentro y giro la llave de la taquilla numero 13.

La Puerta se abre tras la pulsación, el rumor del agua dibuja el fondo de una escena salpicada por gritos de niños y por el chapotear de los nadadores en las calles.

Oteo el horizonte acuoso, localizo una calle vacía y me introdujo bajo la ducha. Quizá si le escribiese un mensaje privado a Keiji dándole ánimos y mostrándole que estoy a su lado…

Me Calzo el gorro en la cabeza y estirando de la ancha goma, ajusto las gafas de bucear contra mi cráneo.

Primero introduzco las piernas… ¡Quizá debiera aprovechar esas ocasiones en las que me encontraba con Hayao para intentar hablar con él!

De un salto me zambullo en el agua despertando una cosquilleante lluvia de burbujas a mi alrededor.

Hoy voy a nadar 30 largos; 15 a braza, 10 a crol y 5 de espalda. Sin dilación me impulso con ambas piernas y comienzo a nadar a braza.

Aún entonces, acuden a mí pensamientos sobre Satoshi y su padre. 3 largos, el agua y yo.

4 largos, escucho mi respiración y el ruido que hacen mis piernas al golpear el agua… delante de mis ojos, mis brazos se introducen como afiladas cuchillas en el agua dejando tras sus cortes sangre transparente y burbujeante… 15 largos.

Comienzo con el Crol, aumento el ritmo, noto como los músculos de todas mis extremidades se tensan hasta el límite. Me pongo a la par del nadador que circula por la calle a mi derecha y por unos segundos intento seguir su ritmo alentado por el espíritu competitivo, aunque éste no sea un yo que suela habitar en mí. Al de 15 brazadas, relajo el ritmo viendo que no tengo nada que hacer ante “Phelps”.

Después de terminar la serie de 10, dejo las gafas al lado de las chancletas y de espaldas, voy dando cuenta de los tablones de madera que pueblan el lejano techo. Mientras, mis oídos sumergidos en el agua perciben con total claridad los idiomas acuosos y la agitada respiración dentro del pecho que sube y baja sin cesar.

30, me dirijo al vestuario y bajo la cortina de agua, sólo oigo el fluir de las gotas… soy sólo yo, es sólo el agua, me seco, subo, salgo, la brisa cálida de una tarde de agosto me golpea con cariño pegajoso.

Miro las montañas por encima de los tejados. Yo sigo aún sumergido en el agua, mis ojos permanecen perdidos en un mundo de un azul extraño, de un azul artificial, ante un mundo azul intenso en el que floto y en el que me dejo llevar adentrándome en las profundidades de ese azul…

Ya despertaré, ya volveré a respirar el oxigeno de este mundo. Pero por ahora tengo branquias azules, de un azul intenso, azul plutoniano, azul, azul, azul…

¿De qué hablo cuando hablo de nadar?

De todas estas sensaciones y de todas las que no caben en estas palabras pues flotan sobre ellas. Ahora bien, yo nado ¿Y vosotros…?


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