El lenguaje secreto del arte

El arte, desde los albores de la historia, ha sido una potente arma para comunicar, para aleccionar, para adoctrinar, para glorificar. Pinturas que a los ojos de los profanos son admiradas por su belleza, pero que esconden maravillosas historias o incisivas críticas. Los pinceles más ingeniosos han ocultado durante años mensajes en sus cuadros, conscientes de que serían entendidos sólo por unos pocos.

Una de estas pinturas salió del pincel de uno de los genios del barroco, Diego Velázquez, y se trata de Las hilanderas (1657, conservada en el Museo del Prado). Durante muchos años se creyó que el cuadro representaba un día de trabajo en el taller de la Real Fábrica de Tapices. En primer plano, aparecen varias mujeres hilando la lana. Al fondo, unas mujeres ricamente vestidas observan un tapiz.

Pero el simbolismo de esta imagen va más allá y narra una historia escondida. Se trata del mito de Aracne y Atenea. Aracne era una joven lidia que se jactaba de tejer mejor que la propia diosa Atenea, que había inventado la rueca. Los dioses griegos castigaban con dureza la soberbia, por lo que Atenea retó a Aracne a competir tejiendo un tapiz. En la imagen, Aracne sería la joven que aparece de espaldas, mientras que Atenea se representa anciana, algo que se asocia con la sabiduría, y al lado de la rueca.

El segundo plano del cuadro, narra el desenlace del mito. Mientras que Atenea decidió tejer un tapiz que glorificaba a los dioses del Olimpo, Aracne tejió una de las infidelidades de Zeus. Atenea, ofendida, convirtió a Aracne en araña, condenándola a tejer para siempre. Así, se ve un tapiz que representa El rapto de Europa, mientras que Atenea, ataviada con su casco y armadura, alza la mano contra una joven, Aracne, a punto de ser condenada.

 

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