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Alguna gente piensa que soy altruista. No sé si es así, o no.  Lo que sí creo (desde que descubrí que los murciélagos y vampiros también pueden ser altruistas), es que es una condición genética, y como tal, no tiene mucho mérito. Es sólo una manera de ser.

Otra gente piensa que soy una cínica empeñada en lucrarme con cualquier cosa.  Nota: Esto será verdad dentro de poco cuando empecemos a vender publicaciones en este blog.

Y, a un tercer grupo, el más numeroso, le importo un bledo.

Me gusta el tercer grupo porque -honestamente- yo tampoco tengo ningún interés en figurar para nada. Sólo sé que la fuerza ahorca y que tengo un imperioso (y misterioso) deseo de echar una mano a los demás y de compartir. Así fue como empezó este blog y es así como continúa.

Más tarde caí en la cuenta que esto de dar a los demás era un modelo de negocio y observando a blogueros y similares, también descubrí que mucha gente que ha empezado con un blog en internet, y luego ha construido un pequeño, o gran negocio, compartía algo en común conmigo: se dedicaban a dar información gratis sin importarles mucho el porqué o a quién (mientras otros aún no se atreven a hacerlo, entre otras razones, porque temen que sus ideas sean plagiadas).

Así fue como me topé hace muy poco, navegando por internet, con un bloguero, empresario, inversor y escritor llamado James Altucher.  Literalmente, “he devorado su blog en tres días” porque da información tremendamente valiosa.

Reflexionando sobre una de las principales ideas de Altucher “no envies a tus hijos a la universidad” llegué a la conclusión de que todo lo que me ha permitido sobrevivir en los últimos 10 años, no lo aprendí en la universidad, lo he aprendido en internet y en inglés.

Lo que me dio la universidad fue una credencial, un título para enseñar a los demás y decir: “Mire, tengo este papelito que dice que soy abogado” o “Mire saqué este título que me permite enseñar inglés”. Esto es también importante, como es importante tener DNI (documento nacional de identidad) para identificarte ante la administración, pero al igual que el DNI, los títulos actualmente NO dan de comer.

Y en este punto coincido con Altucher también, “no hay trabajo y no habrá trabajo en el futuro (es decir, ahora mismo)”; habrá cuatro puestos para los muy listos y el resto, los del montón, tendremos trabajillos, o nada. (En este artículo de Techcrunch puedes ver un gráfico de cómo han bajado los sueldos de los universitarios hasta el año 2010 en Estados Unidos. Y eso que es Estados Unidos.)

Le podemos echar la culpa a muchos: China; India, Brasil; la globalización, la tecnología; los gobiernos inútiles; los políticos corruptos.  Da igual.  El caso es que no habrá trabajo. Entonces ¿qué hay que hacer?

Lo he dicho de muchas maneras en este blog y en muchas ocasiones: No hay que ponerse histérico, gritar por los pasillos, lamentarse, no. Tienes, en cambio, que:

1) Formarte preferentemente en inglés. Aquí enlazo el motivo principal de este post. Recuerda que más arriba dije: “lo que me ha permitido sobrevivir en los últimos 10 años, no lo aprendí
en la universidad, lo he aprendido en internet y en inglés.”
  Parece una tontería, pero no lo es. Es tremendamente importante porque estoy hablando de “sobrevivir”, de la parte más práctica de la vida que consiste en llevarte el pan a la boca.  No es el título lo que te permite “saber vender”, “saber relacionarte”, “ganar dinero”, es tu actitud y el disponer de información precisa y efectiva sobre cómo hacerlo. Esa información no suele estar en los libros, está en internet y, en inglés (para cuando se traduce suele ya no ser muy efectiva).

Y, aquí, me atrevo a hacer una predicción: el trabajador del futuro será como yo. Trabajará por su cuenta, desde su casa y tendrá que pagarse sus propios impuestos y seguros.  Es más, la gran parte de la gente que está desempleada podría salir de esa situación si tuviera la formación adecuada, que repito, no es generalmente (siempre hay excepciones) la que te dan en las instituciones de enseñanza tradicionales, sino la que está en internet en inglés.

Puedes empezar a formarte ya  aquí gratis. Esto es, al menos, algo sobre lo cual hay que alegrarse: nunca antes en la historia hubo tanta información disponible para tantos y gratis.

2) Cambiar el chip.  La idea que hay que tener en la cabeza es que la vida es precaria. En inglés “Life is precarious”.
Lo repito: la vida es precaria. Lo que hoy tienes, puedes no tenerlo
mañana. Recuerdo en este punto que ahora (al menos en España) ya no vale
ser funcionario para tener empleo de por vida. Por tanto, nunca pienses
que tienes la partida ganada, que ya nada ni nadie te perturbará el
sueño, porque lo más probable es que no sea así. Piensa en cambio que
los mercados, y todo puede cambiar, pero tú habrás desarrollado
habilidades para -como los gatos- siempre caer de pie.

Otra
razón por la cual me gustó Altucher, porque pasó de tener 15 millones
de doláres en su cuenta corriente a tener 0. Y sobrevivió. No cuenta,
por tanto, teorías en su blog, cuenta la más pura y descarnada realidad.

En este contexto: ¿De todo lo que puedes aprender que es lo más importante para sobrevivir?

1) Tener un buen producto o servicio,

2) Saber vender o venderse y,

3) Saber relacionarse.

Estas son las tres habilidades que yo he aprendido en internet y que no me enseñaron en la universidad.

 ¿Tienes
ya estas habilidades? ¿No? Entonces, ¿a qué estás esperando para
empezar a aprenderlas? ¿Dónde encontrarlas? En inglés, en internet. Empieza por leer al bloguero como Altucher, verás que dice verdades como casas. ¿No entiendes su inglés? ¿A qué estás esperando para aprender inglés entonces?

Te adelanto que una de las cosas que dice Altucher es que no
todo el mundo puede crear una empresa, pero todo el mundo puede vender
una o dos habilidades. Quieras, o no quieras, ese será el mundo del
futuro, así que cuanto antes empieces a formarte más preparado estarás
para salir airoso.

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Flotando, ingrávido, el agua saturada de cloro burbujea, oscila en torno a mi cuerpo inmóvil, son tan sólo unos pocos segundos…suspendido en el líquido, como un proyecto de persona dentro de su placenta.
A veces pienso, que ahí está el origen de que me encuentre tan a gusto en este medio. Quizá en el subconsciente algo tiré de mí hacia ese pasado seguro, cálido y conocido, como diciéndome… ¿Por qué tuviste que salir del “paraíso” prometido?

Cuando hablo de nadar, hablo de estas sensaciones y también hablo de la ansiada y anhelada desconexión. Ese oasis tan perfecto e inalcanzable para muchos educadores y educadoras sociales…

keiji me contaba que su madre le había echado de casa, que ya no le aguantaba más y que debía buscarse la vida por sus medios o ir con su padre, que por otro lado, siempre había pasado bastante del tema.

Hayao había pegado a su madre y ésta no quería denunciarle. ¡ Era su hijo!, ¿cómo iba a hacerlo?
Mientras tanto, él seguía buscando un doble muro con el que chocar; uno virtual y otro real a los mandos de su coche.

A Satoshi su padre le había echado de casa. Llevaba una semana durmiendo en un local que tenía alquilado con sus amigos. Hablando con él, la tristeza de sus ojos contrastaba con su tirante sonrisa como un trueno con el silencio de la madrugada…

¡vaya día!

Voy desgranando estos pensamientos mientras busco posibles soluciones… bajo las escaleras, abro la puerta que conduce a los vestuarios y ésta se cierra tras de mí como en el “saloon” de un western.

Me voy desvistiendo pensando en cómo ayudar a Satoshi a hablar, a negociar con su padre… ¿Qué estrategias de acercamiento podría usar…? Y Keiji, ¿cómo estaría con su padre? había que apoyarle, eso era seguro, pero no encontraba la manera de hacerlo desde el convencimiento y sin el trasfondo del desaliento. Y Hayao…, y Hayao, me resultaba imposible llegar hasta él, como en el universo en continua expansión, cuanto más esfuerzos hacía por alcanzarle, más rápido se alejaba… y con Midori, y con Keiko y con…

Meto la moneda de un euro por la rendija, introduzco la mochila dentro y giro la llave de la taquilla numero 13.

La Puerta se abre tras la pulsación, el rumor del agua dibuja el fondo de una escena salpicada por gritos de niños y por el chapotear de los nadadores en las calles.

Oteo el horizonte acuoso, localizo una calle vacía y me introdujo bajo la ducha. Quizá si le escribiese un mensaje privado a Keiji dándole ánimos y mostrándole que estoy a su lado…

Me Calzo el gorro en la cabeza y estirando de la ancha goma, ajusto las gafas de bucear contra mi cráneo.

Primero introduzco las piernas… ¡Quizá debiera aprovechar esas ocasiones en las que me encontraba con Hayao para intentar hablar con él!

De un salto me zambullo en el agua despertando una cosquilleante lluvia de burbujas a mi alrededor.

Hoy voy a nadar 30 largos; 15 a braza, 10 a crol y 5 de espalda. Sin dilación me impulso con ambas piernas y comienzo a nadar a braza.

Aún entonces, acuden a mí pensamientos sobre Satoshi y su padre. 3 largos, el agua y yo.

4 largos, escucho mi respiración y el ruido que hacen mis piernas al golpear el agua… delante de mis ojos, mis brazos se introducen como afiladas cuchillas en el agua dejando tras sus cortes sangre transparente y burbujeante… 15 largos.

Comienzo con el Crol, aumento el ritmo, noto como los músculos de todas mis extremidades se tensan hasta el límite. Me pongo a la par del nadador que circula por la calle a mi derecha y por unos segundos intento seguir su ritmo alentado por el espíritu competitivo, aunque éste no sea un yo que suela habitar en mí. Al de 15 brazadas, relajo el ritmo viendo que no tengo nada que hacer ante “Phelps”.

Después de terminar la serie de 10, dejo las gafas al lado de las chancletas y de espaldas, voy dando cuenta de los tablones de madera que pueblan el lejano techo. Mientras, mis oídos sumergidos en el agua perciben con total claridad los idiomas acuosos y la agitada respiración dentro del pecho que sube y baja sin cesar.

30, me dirijo al vestuario y bajo la cortina de agua, sólo oigo el fluir de las gotas… soy sólo yo, es sólo el agua, me seco, subo, salgo, la brisa cálida de una tarde de agosto me golpea con cariño pegajoso.

Miro las montañas por encima de los tejados. Yo sigo aún sumergido en el agua, mis ojos permanecen perdidos en un mundo de un azul extraño, de un azul artificial, ante un mundo azul intenso en el que floto y en el que me dejo llevar adentrándome en las profundidades de ese azul…

Ya despertaré, ya volveré a respirar el oxigeno de este mundo. Pero por ahora tengo branquias azules, de un azul intenso, azul plutoniano, azul, azul, azul…

¿De qué hablo cuando hablo de nadar?

De todas estas sensaciones y de todas las que no caben en estas palabras pues flotan sobre ellas. Ahora bien, yo nado ¿Y vosotros…?


EducaBlog, Blog sobre Educación Social

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